miércoles 26 de agosto de 2009

ÁNGELES TUTELARES


—…Date cuenta, o de última imaginá, como lo hago yo. Las estrellas son ojos, ¿los ves? —dijo a su sobrino, señalando con su dedo al cielo estrellado—El cielo nos vigila de noche y de día bue...quizás sea Dios el supervisor, pero de noche, cuando llegada la madrugada hombres intentan superarse, entenderse, vaciarse en lugares noctámbulos, es cuando ellos más observan. Son silentes pero muy atentos. Sus ojos brillan de vez en cuando, y cuando no, prefieren errar ellos mismo por la Tierra e informar al Supremo de sus recorridos. Pero curiosamente, ambos métodos resultan siempre dar los mismos resultados. Sin importar cuán soleado, nublado, con sobrada o escasa muchedumbre, con silencio o sin él esté este mundo; regresan informando lo mismo: “No siguen igual, están peor.”

—¿Y cómo sabes tú todo eso? Digo…¿Y al fin y al cabo, quien son ellos para criticar lo que hacemos? —preguntó Arnold, su sobrino, algo desinteresado y bebiendo lo último que quedaba en su botella.

—Ellos son mensajeros de Dios, son ángeles —continuó su tío con la mirada perdida en el horizonte, haciendo caso omiso a la primera pregunta—, son los que brillan en la noche demostrándonos lo bello que es estar allá arriba, ellos son muy contemplados e incluso adivinados. Pero ninguno conoce exactamente su finalidad, tampoco sus nombres. Creen que son pequeñas tutelas a nuestro alrededor, tratando de no hacerse entender mucho ni ser conocidos por lo que hacen.

``Es que, es todo tan extraño. Ellos mismos intentan decirnos algo, tal vez alguna advertencia. Pero ¡ojala las escucháramos! Hay veces en que creo escucharlas, pero dirías que son falacias de alguien que de tanto vivir sólo abraza las paredes, y se come las palabras. ¡Jaja! Debería ser un arte conectarse con las estrellas, un arte que no careciera en los hombres, ¿no lo crees, Arnold?

—Tío, estás algo… brillante hoy —susurró Arnold, sorprendido, tratando de encontrar una palabra que definiera el estado exacto y anormal de su tío—. Estás como…más iluminado.

—¿En serio? —Crédulo y sonriente levantó sus manos hacia arriba para contemplarlas y asintió.

Su cuerpo despedía una radiante e increíble luz. Habían pasado horas allí arriba, su joven sobrino lo había invitado a tomar refrescos y a hablar sobre cuestiones y situaciones que acosaban su vida. O su carrera, que a decir verdad, le importaba más que su propia vida. Pero no más pudo usar la lógica: la bebida estaba cobrando efectos en su mente, y su tío…estaba realmente loco.

Desilusionado, por no haber llegado al confín de la conversación de la cuál pensó que sacaría provecho, se levantó e invitó a su tío a bajar de la terraza. Aseguró la escalera y bajó, siempre mirando de no caerse.

Cuando alzó su mirada su tío ya no estaba. Había desaparecido. Se había esfumado, o tal vez volado, lo cierto es que en vez de tocar tierra, su tío que tenía un nombre fácil de olvidar, escaló estrellas y de allí observa, inquieto y crítico a aquellos que pretender ascender con una escalera.

Y aunque Arnold nunca lo supo, su tío intenta brillar en su ventana tratando de que él busque en ese significado el sentido de ser un mortal sobresaliente.

Para ser estrellas en esta vida, no hay que simplemente mirar por donde caminar sino todo lo contrario, volar, ascender y ascender hasta caminar por los cielos, ocupando un lugar entre los ángeles. Allí brillaremos y alumbráremos el camino siniestro de los que quieren y no pueden o viceversa. Allí no habrá nunca nadie que podrá decirnos la famosa frase “¡baja a la tierra, colgado!”

EFIGIE DE UN HACEDOR DESALADO Y EFÍMERO

A veces pienso que Dios sobrevaloró su talento al crear al hombre.

Oscar Wilde

Dejando a un lado los señalamientos y desdeñando descripciones físicas —porque mi amigo es tímido— contaré como una mañana de julio logré escabullirme en sus secretos, en sus anhelos y en sus más remotas ocurrencias.

Para empezar, correcto es decir que el verbo “crear” le parece de lo más provechoso y el sustantivo vida el más coherente para, a dichos condimentos, guisar en su mente. Unas palabras llamadas a engrupir y que poco a poco van tomando tintes de texto coherente, se revuelven inquietas en su caldero mágico, esperando la visión, y la admisión de ésta al tintero con la pluma diligente. Esperan a la voz de creación.

Penúltima, la hoja, paciente, espera a todo lo demás, sabe que será el escenario de un nuevo mundo, una nueva creación. Para lograr esto la van a cubrir de finitos puntos que harán jugar y deleitar al lector. “Todo a su tiempo”, y el que dispone de la decisión y del accionamiento de las cosas, espera la conjugación perfecta. La conjunción divinal.

El ser no se cree un autor, dicho mérito no le complace, sus aspiraciones trascienden toda índole de soberanía. Ansia vehemente ser como un dios, y cada día su ego nutre esa imparable e incontrolable necesidad de creer que él es un dios. Sin embargo resaltan las diferencia entre el supremo —invisible para algunos— y entre este Hacedor quien es respetado por los eruditos —ciertamente más sabios que él— y endiosado vanamente por los que saben poco.

El Supremo no mide su comienzo. Nunca tuvo uno. Conjeturas aquellas que la insinúan. Tampoco nadie es capaz presumir cuál será su final, pues, no me atengo a decir que, nunca lo tendrá.

Él otorga vida a los mortales y perdurabilidad a los inertes. Absolutamente todo es producto de su palabra, por lo que no pudo escapar a sus ojos el futuro de este mortal. Cuentan las leyendas que, cuando nació sus aspiraciones humeaban hasta el cielo, asqueando a los querubines y desafinando el coro de serafines.

Entonces sucedió que El Todopoderoso lo puso a prueba. Lo mandó a nacer desposeído de afectos maternales y familiares, en las penumbras de un recoveco sosegado donde, para no perder la cordura, hace falta delirar y para ser feliz dormir y soñar. Sólo cuando su razón concibió anormal la idea de servilismo pudo conocer y admirar la naturaleza de un mundo con el que él siempre sonó crear. Pero para su lamento, ya estaba hecho, y aunque hubiese dispuesto de los recursos para crear otro, ninguno hubiera superado la perfección de la imaginación de Dios. Apesadumbrado de su mal lograda emulación, hoy sólo escribe e intenta reproducir en pinturas tonterías sobre un nuevo mundo, meramente encuadrando en el concepto de “disparatado”. Porque no puede hacer otra cosa más que escribir disparates. No desconozco eso.

La Simbiosis

LA SIMBIOSIS

Si haces la experiencia de ser ficticio durante un tiempo, comprenderás que a veces los personajes de ficción son más auténticos que los individuos de carne y hueso y de corazón palpitante.

Richard Bach


Se dice de mí, que provengo del desconocido y por consecuente que nací “Dios sabe dónde”, pero por sobre todo se dice que soy un personaje ficticio que pretende cobrar vida. Excepto esto último, lo demás pudo añadirse a la posibilidad de ser cierto.

Por un largo período, creí tener sentidos que me recordasen que podía percibir, intuir y creer en la existencia de la existencia. Pero esta hipótesis quedó como ruinas que anticipó un huracán desesperado, al ver aquella mujer increíblemente tan hermosa, sentada en un banquillo rupestre a las afueras de una heladería artesanal. Hermosa y solitaria, una combinación muy prometedora... Sin dudas, desafiaba todos mis sentidos.

Aunque lejos de estar exento y de disponer de la decisión —y quizás de la voluntad— de permitirme estar quieto unos minutos —pues soy hiperactivo—, admito que la magia de esa mujer me hizo salir victorioso de mi enfermedad. Por lo que pude permanecer a unos pocos metros de mi hechicera encantadora, haciéndome pasar por silente y ocultando mi aspecto de noctívago, fue tarea fácil de obrar.

Allí estaba ella, hecha un cúmulo de pretensiones. Unos arbustos de espeso follaje en la calle de enfrente sobre una esquina poco transitada, constituían mi guarida, el escondite perfecto que me facilitaba tan envidiable panorámica.

Veía sin que ella me viera. Escuchaba sin que ella me escuchase. Y así, a pesar de la distancia que nos separaban, pude notar como su lengua humedecía sus finos y secos labios. Luego el encuentro suculento de éstos con la crema helada. ¡Con que desgano! ¡Qué alevosía a la palabra “Magnificencia”! Porque poco intuí que ver el paraíso en posesión de Mefistófeles era menos lamentable y que la extinción de la palabra en el universo era menos trágico que verla allí sola, despojada de todo cálido compañerismo y rodeada de melodías luctuosas y lúgubres que no hacían más que quebrar, con el paso del tiempo, tan impenetrable rostro.

Aún así, su beldad me sería imposible describir y el sólo intento de representar, escrita o gráficamente la imagen que conservo en mi mente, sería un pecado imperdonable. Sólo podría añadir que encerraba un apretujado misterio y que despedía de sus ropajes una marcada apatía con distinción a intratabilidad.

Ya sea por inquietud, molestia, soberbia, aburrimiento —la verdad es que no podía saberlo—, la mujer se levantaba y se volvía a sentar con la rapidez en que parpadean los mortales. De aquí para allá iba sin detenerse. Pero de repente, desafiando la furia de los vientos y encarando los flagelos del frío invernal, se levantó sin la mínima expresión en su rostro, sin indicios alguno de su carácter y echó a correr justo al momento en que la necesidad de encubrirme comenzaba a flaquear, rompiendo algo…introduciendo a mis oídos un ruido como de cáscaras.

Pero la mujer escapaba de mi campo visual. Algo —sospecho que la magia de la mujer— me trajo de la lejanía de mis pensamientos y haciendo finible toda racionalización que ralentizaba mi acción, corrí tras ella sin saber porqué, como si fuese obligado a seguirla. Procuré hacerlo austero, sin siquiera permitir alguna señal de mi incontrolable e inexplicable persecución, lo que no fue nada fácil. Pues era atraído por su presencia, como lo es el metal por el imán.

Así fue que me guió —o arrastró— por el sendero de la irrealidad. Transitar por las fronteras de lo real y lo imaginario fue como perderse en un laberinto, nadar sobre los mares, dominios de la racionalidad y la irracionalidad, fue relajante. Luego escalar las montañas de la mentira y la verdad no fue sino vértigo de mi tolerancia y frecuentamos varias veces el infierno y el edén. Y sin siquiera pedirlo, morí a la vera del camino. Podría decir que la muerte fue dolorosa y cruel, pero sería mentira. Esta muerte fue todo lo contrario, dulce y suave como guarecerse del frío con un saco de pieles de cordero. Sólo que en compañía de la soledad…Sólo… en el vacío, sin poder siquiera, percibir el frío o el calor, sin poder ver los colores, sin escuchar siquiera el silencio. Inexorable situación. Estaba sin sentidos. Y sin tener la noción del tiempo algo sucedió e interrumpió mi estadía en ese horripilante espacio.

Así como muchos fenómenos volvieron a nacer, yo también lo hice. Resurgí de los escombros de una vida pasada. Ahora hecho nuevo en la imaginación de un escritor, crecido a base de observaciones de los críticos y dormido en una estantería olvidada de alguna biblioteca local poco frecuentada.

martes 9 de junio de 2009

¡Qué ocurrencia! ¡Qué cuento!

Admito, sin vergüenza, que ignoraba la obra de Borges titulada “El episodio del enemigo”

Cuando la leí fue como un relámpago, corto, luminoso y ruidoso. Aunque sin duda, Jorge Luis, ha escrito mayores obras que esa. Pero eso no viene al caso.

La tarde del sábado, tuve el agrado de competir en los Certámenes Culturales Evita `09 en el rubro literatura y compartir una grata charla con el jurado que se encargó de inculcarnos a los 17 presentes la verdadera finalidad del cuento:

El cuento es un chiste, tiene que tener la gracia en el final. No tiene sentido si no. A lo que mi conclusión saca a luz: “La literatura no la hacen sólo los escritores, la hacen los escritores y el lector. Porque a base de cómo se imagine el escritor que va a reaccionar o que va a pensar el lector, escribe. Ese es su reto, su misión. La del lector es descubrir las pistas que va dejando el escritor y así comprobar al final si era o no lo que creía. Ambos son parte del juego, son parte de este recreo que ensalza la belleza literaria.

Ese concepto Borges y Maupassant y otros como Chejov lo tejían de una manera maestra en sus relatos y sus cuentos.

Ahora, la sobreabundancia de recursos y la innovación pareciera ser un lujo que no todos podemos permitirnos. Por lo que ir a nuestra estantería, buscar y releer los cuentos cortos de Borges, Cortázar, Peraile, Macedonio Fernandez, sería un ejercicio agradable, ya que de un modo u otro lo leeríamos desde otra perspectiva y concluiríamos con nuevos análisis de estos hombres, que queramos o no marcaron el siglo XX dejando entes flotando en el espacio y el universo mental, velado solo para los entendidos y los literatos contemporáneos. Eso sí, siempre y cuando tengamos el deseo de trazar un nuevo sendero al futuro literario, con la dirección y el sentido trazados por nuestros ancestros.


lunes 8 de junio de 2009

¡Allá! ¡Vaya, vaya!


Allá donde el agua, la comida, el gas y el alojamiento son gratis.

Allá donde el trato entre prójimos le conmueve.

Allá donde lo cuidarían y atenderían.

Allá donde podría jugar fútbol.

Allá donde podría leer tranquilo.

Allá donde nadie le molestaría.

Allá donde es tan hermoso estar e imposible escapar.

Allá donde le convendría.

Allá quiere estar.

El viejo quiere que lo lleven a prisión.

La Última Deuda



Culpable. Era de esperarse esa sentencia.
Cuando el hombre avanzó trémulo por el pasillo extremadamente custodiado lo hizo lento y flemático. Al llegar a la sala lúgubre con piso de caucho, miró detenidamente a su alrededor, personas con sus rostros enjutos protagonizaban la escena, sus aspectos carcomidos por la falta de sueño, deseaban la represalia final. Se sorprende de su estremecimiento repentino, porque aún cree ser fuerte e invulnerable. Pero una vez sentado sobre la silla, comprende el porque de su escalofrío. Maldice entonces su razón, su ceguera, su ignorancia a la Leyenda de la Muerte. La muerte. La siente rondar cerca, la huele, la escucha en el mutismo desairado. Allí está, en las bancas, en las siluetas de esa gente, en los electrodos a sus costados. Es un espejismo al que es imposible eludir. No faltó, estaba allí presente, a punto de exigir su peaje al más allá, su descanso en paz. No porque no pudiera sino por una arraigada ilusión con la cual creció, fuerte, capaz, por sobre los demás; no había comprado ese peaje. Pensaba que por ser benévolo, justo y casi perfecto podía esquivar los brazos de la muerte y no dar lo que ésta pedía a cambio. Algo que él no estaba dispuesto a dar.
Durante años creyó moldear su destino, transeúnte de la verdad y el conocimiento. Pero esta irrevocable seguridad se disolvió agria frente a Leyenda que recobraba vida una vez más, esta vez desangrando a su conciencia.
—Tiziano Carmatti ¿Tiene algo que decir? —preguntó una voz.
—Sí.
Sabía que no saldría de allí. No podía llegar a un acuerdo con ellos, pero sí a uno con la muerte. Por lo tanto sintió un impulso, sintió que éste era su momento de redención. Juntó fuerzas y comenzó a hablar:
—Lo maté por placer. Lo maté por saciar mi insaciable sed de venganza —sus palabras a medida que surgían apaleaban las miradas desafiantes de los testigos oficiales—, respondí a la provocación y me hice de ella para matar. Esa es la verdad, no deseo ocultarla. Despertó ese ser que duerme en todos los mortales, ese ser que es alimentado por el odio y la falta de pasión y que cuando despierta nos domina en su totalidad. Quiere volver. El no se arrepiente de lo que me hace hacer, quiere dominar mis sentidos para morir orgulloso, pero no lo dejaré. De eso estoy convencido,
“Y aún lejos de ser perdonado buscaré complacerles en mis últimos momentos con mi tenaz sufrimiento. Nada más.
El silencio gobernó la sala. Tiziano Carmatti se sintió mas humano que nunca, despojado de sus tierras, abandonados por sus amigos, visitado por el apetito, saludado por las melodías lóbregas en las que algunas vez se había acogido.
Pero no se dejó llevar por la tiritera que ofrece la muerte sino que irradiando convicción y seguridad miró a los semblantes ya inquietos por última vez y se arrepintió, pudo ver más allá de su odio y viendo su dolor sintió que su último paso había sido dado.
El verdugo, a una seña, le sujeto los brazos y las piernas con correas y pasó otra por sobre su hombro en forma de diagonal para asegurar su tórax. Le colocó el casco de cuero sobre su cabeza rapada anticipadamente. El reo fue tapado por una capucha negra y en cuestión de segundos su cuerpo inmóvil sintió una sacudida, pero su alma ya se había desprendido de él. Alzándose por sobre la superficie, vio los restos del demonio, de su orgullo, muertos al fin. Había ganado sobre ellos, era poseedor del derecho al peaje y ahora con él, se dirigía a su descanso final.

martes 28 de abril de 2009

Quiero que sepas...

Siento que quiero que me quieras
Y quiero que sientas que te quiero
Pero no de la misma forma
que me quieres.
Siento que me miras
De la manera en que yo no te miro
Y de la que yo
no quiero que me mires.
Pero quiero que sepas
Que quiero que no sepas
Que dentro de mi
Te quiero menos de lo que te esperas

Si las estrellas...

Si las estrellas escucharan
Todos los confusos pensamientos
De aquellos que en el amor se encaminan
Caerían del cielo a la tierra estremeciendo sus cimientos

Si las estrellas nuestros besos intentaran contar
Ni Pitágoras ni nadie
Les ayudarían a comprender la cantidad
Ni le alcanzaría las matemáticas para poderlos calcular…
Añadir imagen
Si las estrellas hicieran una película
Seríamos actores famosos de la realidad
Filmarían nuestras huidas, nuestras fugas
Y nuestros cálidos abrazos bajo el muelle de la evasión.

Si las estrellas cantaran al unísono
Escucharíamos su melodía
En conjugadas voces de diversos tonos
Venceríamos el insomnio y la melancolía

Si hablaran las estrellas,
Escucharíamos los sabios y arcaicos consejos
Y consolados estaríamos al saber
Que alguien nos comprende aunque sea en el cielo

Si las estrellas un libro escribieran,
Protagonistas nos elegirían
Porque ¡ay de nuestro amor! Complicado amor
En donde la razón aboga a la soledad y al temor.

¿Cómo decir "te quiero"?

¿Cómo decir te quiero

Sin encontrarme inmediatamente con tus caricias y tus besos?

¿Cómo decir te quiero

Sin despertar sospechas de amor?

¿Cómo decirte que te quiero

Si no puedo posesionarme de mis emociones espontáneas?

¿Cómo decirte que te quiero

Si no sabemos para qué lado se inclina la balanza, si para el amor o si para los obstáculos?

¿Cómo decir que te quiero

Si temo ofenderte con mis posteriores e ignorantes acciones?

¿Cómo decir no te quiero

Si alguna vez fuiste parte de mí?

¿Cómo decir que te quiero

Si no sé realmente como decirlo?


martes 9 de diciembre de 2008

: : Sombra Insegura : :

Era una mañana como ninguna, un maquillado cielo que a pesar de estar cubierto por diminutas nubes, brillaba azul añil, un sol radiante y un calor sofocante instaban a cualquiera a estar en la playa de Mar del Plata.

El numeroso estacionamiento que había alrededor del Teatro Buenos Aires indicaba que había alrededor de 300 personas, de hecho un evento muy importante se realizaba allí. Un certamen cultural y artístico juvenil.

La puerta del Gran Teatro Buenos Aires se abrió de par en par, y tras ella la silueta de una joven no muy alta, de cabellera rubia, cara cuadrada con expresión fría y centellantes ojos verdes, hizo que mas de uno de los chicos y chicas que estaban afuera guitarreando y tomando mates voltearan sus cabezas por unos instantes para observarle.
A Ana la impresión de ser observada en ese momento no le inquietó en lo mas mínimo, desde hacia semanas que no pensaba en otra cosa que no fuera la obra que iría a interpretar al cabo de unas horas. Con el estuche de su guitarra en mano, se apresuró a cruzar la calle y luego se dirigió a uno de los bancos libres de la plaza San Martín, al frente del Teatro.
Necesitaba aire fresco, el ambiente dentro del teatro se había vuelto denso y hasta inquietante, aunque era más que nada el fastidioso olor a cigarrillo y a sudor, que lo había hecho salir de allí dentro. Estar al aire libre le producía una sensación sumamente agradable y a su vez reconfortable.
Ya sentada en el banco, Ana se sacó la campera de jeans y la acurrucó a su lado. En cuestión de segundos ya había abierto el estuche, sacado su desgastada guitarra acústica y se disponía a afinarla. Una vez que hubo terminado, repaso una y otra vez el blues que iba a interpretar, y que marcaría su debut como músico. Se inculcaba pensamientos optimistas como " tu puedes hacerlo ", "no vengo a competir, sino a ganar" pero o bien eran reemplazados por la imagen del fino rostro de Adriel, chico de quien ella aseguraba estar enamorada pero que nunca le había hablado, o desbaratados por la escena imaginaria de otra joven muy coqueta recibiendo sonriente el premio del primer puesto.
Esa joven no era nada menos que su compañera de clases, Iris, quien según todos los que la habían visto y escuchado tocar la guitarra aseguraban ver en ella un gran don, y algunos hasta afirmaban que poseía oído absoluto. Aunque por todo el halago y propaganda que se le hacia a Iris, ésta podría haber optado una personalidad agrandada poco seria y muy engreída, pero no, era todo lo contrario.
Ana no sentía envidia, tampoco miedo, más bien respeto y admiración, no renegaba de su participación en el certamen. Pero inmediatamente y como un apagón olímpico, descartó toda posibilidad de ganar el certamen y hasta de obtener una mención.
Ana, por tener la cabeza gacha y estar pensando profundamente no se percato que una sombra inmóvil se había dibujado delante.
- ¿Nervios o ansiedad? Hola ¿puedo sentarme un minuto?- Cuando Ana volteó la cabeza, se encontraba frente a la silueta de un hombre de unos 30 años, con abundante barba en su cara, y con su guitarra ¡y que guitarra! ¡Una Gibson j200! sostenida por la correa que trazaba su hombro.
Lo único que pudo decir Ana luego de abrir los ojos bien grandes y contemplar la guitarra del extraño fue: "¡guau!".
- Tiene una guitarra magnífica, la guitarra de mis sueños ¿como se llama?- interrogó Ana aun con la mirada perpleja en la guitarra del extraño.
- ¿Quien yo o mi guitarra? ¡Ja ja! eso no importa, tu tienes una guitarra y yo otra, basta con decirnos hermanos, escucha no debo permanecer mucho tiempo aquí así que seré breve - el hombre ya se había acomodado en el banquillo, pero lo que mas le impresionó a Ana era que el extraño poseía la capacidad de tocar canciones complejísimas en la guitarra y hablar tranquilamente a la vez.
- ¿Quién es usted, es un famoso? - preguntó Ana asombrada.
- Solo soy lo que la gente quiere que yo sea. ¡Hey! muchacha creo haber oído que compites en el Certamen.
- Si, aunque considero que es una vergüenza que me hayan dejado compe... - pero fue interrumpido por la voz ronca del extraño:
- No digas eso, te he escuchado recién, tienes un gran talento, solo que no crees tenerlo y por lo tanto no lo sabes usar. Te diré una cosa, ¿conoces a esa tal Iris del que todos hablan? -Ana asintió con la cabeza y el hombre continuó hablando- es muy buena, pero no mejor que tu. ¿Sabes por qué? porque ella no quiere ser lo que es, date cuenta en su actitud de músico, no disfruta lo que hace.
Todas estas palabras cayeron como balde de agua fría, ¿Quién era el tipo este para hablar así de Iris? ¿Acaso la conocía? ¿A donde quería o pretendía llegar con eso?
Ya sea por el silencio, o por el ceño fruncido de Ana, el sujeto pareció adivinar los pensamientos de la joven.
- ¡Créeme! conozco a Iris, no creo que vaya a ganar el certamen.
- ¡Eso es imposible! - dijo Ana mas confundida que nunca y mirando las cuerdas de su guitarra.
- Bien ahora escucha este consejo... -el hombre miró con cautela hacia atrás y Ana noto su prisa- ... antes de subir respira hondo y metalízate que eres la mejor y que solo es cuestión de demostrarlo, sube siéntate y se tu mismo. Oye me tengo que ir. Adiós, que tengas suerte.
El insólito personaje se levanto de inmediato y comenzó a correr por la calle, fue insultado y casi atropellado, pero dobló la esquina y su figura se perdió en la peatonal.
Todo era tan extraño, Ana se detuvo a tratar de recordar si había antes ese rostro en algún periódico o en una revista, pero ¡que tonta! ella nunca leía periódicos y revistas.

Pero no tardó en deducir que había estado hablando cara a cara con un famoso, porque a los minutos levantó su vista y vio aproximarse a una multitud de chicos y chicas con remeras con la cara del sujeto.
Sorprendido pero desinteresado al fin, guardó su guitarra luego de repasar cuatro veces la obra. Miró y vio que uno de sus compañeras le hizo señas desde los ventanales del teatro. Su hora había llegado.
Se levantó de un salto, cruzó la calle sin cuidado, entró al teatro, caminó sobre un pasillo largo antes de encontrar las escaleras. Al subirlas recordó las palabras del extraño, respiró hondo y lo recibió un publico estrepitoso.
Pero a ella no le importó, se sentó en la silla con su guitarra en mano y sin mirar a los cientos de rostros que la observaban, se adentró en su propio mundo, ella y su guitarra, y cuando sus uñas tocaron las primeras cuerdas que darían vida a los acordes, marcados por sus finos dedos, la inseguridad, esa sombra que arrastran los debutantes se esfumó para siempre de ella.

viernes 5 de diciembre de 2008

Manifestaciones



A ti, con cariño por una amistad reciente…
A ti, que reniegas de la fantasía
Tú, que vives arrestada por la realidad
Que nunca tomas el ómnibus a otros mundos
Si no que te aferras al que ves
Cerrando tus ojos, y tu corazón
No dejando entrar aires fantásticos en tu vida
Ni dejando caer en tu mente gotas de mitología
Tú que no has leído fantasía
Sino que reniegas sin saber que es
A ti te digo:
Yo conozco muy bien los dos mundos
El mundo real y el que crea cada ser humano
Este último es muy perfecto e insuperable
Tú eres protagonista de importante acontecimientos
Te encaras desafíos y avatares
Riesgos donde se distingue sin ambigüedad el bien y el mal
Donde existe también el dolor, la violencia, y el pecado
Pero en términos secundarios.
No como este mundo real, que basta con mirar por la ventana para verlos
¡OH! me duele ver tantas cosas en la realidad... entre ellas
Ganas de vivir que se esfuman en el aire,
Innumerables suicidios
Hurtos, traiciones, infidelidad, cobardías y pobreza
Si pudieran encontrar la estación de la imaginación…pienso...!
Si pudieran deducir las diferencias entre lo real y lo irreal
Querrían vivir aunque sean instantes en el mundo imaginario
Donde puedan volar, escapar, resistir
Y no es que hallarán felicidad allí
Pero estarán ocupados
Se sentirán participes de una causa,
Se sentirán seres correctos y justos
De la ley dictada por ellos, la cual se les hará fácil de cumplir.
En lo real, a su diferencia,
Los hombres dicen ser hombres
Solo si portan un cigarro en sus manos
Contando anécdotas callejeras de robos y hurtos
O tan solo asistiendo a locales nocturnos
Vaciando su vaso, vaciando su alma de toda magia
Donde el amor se burla en los aires de nuestra pasión
Y el dolor de vez en cuando visita nuestra soledad
Triste, amarga, solitaria y con una belleza que solo pocos pueden ver
Así es la realidad…
Y no digo que no haya que afrontarla,
Pues he crecido bajo su tutoría, y he aprendido mucho de ella
He gozado, he reído, he mentido… ¿que no he hecho?
Recuerdos de momentos felices de esta realidad, tengo un álbum lleno.
Así como un cajón de lágrimas, y hojas escritas a mano
Pero de vez en cuando me gusta tomarme vacaciones a mi mundo
Lejos de toda incredulidad humana
Donde lo que construyo, se como destruir
Lo que amo, se como dejarlo
Lo que odio, se como enfrentarlo
Lo que sufro, se como alegrarlo
Lo que siento, se como apasionarlo
Lo que sueño, es lo que deseo
Donde yo realmente decido mi vida
y donde, lejos de toda ideología,
o política influyente, respiro libertad,
canto, sueño y escribo imaginaciones
y pensamientos flotantes y de ambulantes
Que solo recorren las habitaciones de los soñadores.
Mi deseo para ti es verte algún día
Sumergida en el mundo de la fantasía,
Pero creo que falta mucho para eso
Aunque he oído alguna vez que
"Cuando mi voz calle con la muerte,
mi corazón aún te seguirá hablando"