
Admito, sin vergüenza, que ignoraba la obra de Borges titulada “El episodio del enemigo”
Cuando la leí fue como un relámpago, corto, luminoso y ruidoso. Aunque sin duda, Jorge Luis, ha escrito mayores obras que esa. Pero eso no viene al caso.
La tarde del sábado, tuve el agrado de competir en los Certámenes Culturales Evita `09 en el rubro literatura y compartir una grata charla con el jurado que se encargó de inculcarnos a los 17 presentes la verdadera finalidad del cuento:
El cuento es un chiste, tiene que tener la gracia en el final. No tiene sentido si no. A lo que mi conclusión saca a luz: “La literatura no la hacen sólo los escritores, la hacen los escritores y el lector. Porque a base de cómo se imagine el escritor que va a reaccionar o que va a pensar el lector, escribe. Ese es su reto, su misión. La del lector es descubrir las pistas que va dejando el escritor y así comprobar al final si era o no lo que creía. Ambos son parte del juego, son parte de este recreo que ensalza la belleza literaria.
Ese concepto Borges y Maupassant y otros como Chejov lo tejían de una manera maestra en sus relatos y sus cuentos.
Ahora, la sobreabundancia de recursos y la innovación pareciera ser un lujo que no todos podemos permitirnos. Por lo que ir a nuestra estantería, buscar y releer los cuentos cortos de Borges, Cortázar, Peraile, Macedonio Fernandez, sería un ejercicio agradable, ya que de un modo u otro lo leeríamos desde otra perspectiva y concluiríamos con nuevos análisis de estos hombres, que queramos o no marcaron el siglo XX dejando entes flotando en el espacio y el universo mental, velado solo para los entendidos y los literatos contemporáneos. Eso sí, siempre y cuando tengamos el deseo de trazar un nuevo sendero al futuro literario, con la dirección y el sentido trazados por nuestros ancestros.

